De vez en cuando suena en mi cabeza un dispositivo inalámbrico. Suena sin permiso e incluso sin sonar. Suena como deben sonar los golpes secos y sordos en una infranquable puerta que separa, por suerte, los deberes de los seres.
La alarma (simplemente es eso) obliga a detener la rotación espacial de la tierra y retroceder la temporal (algún día, si tengo ganas y tiempo suficiente, dejaré bien detalladas las instrucciones para este procedimiento). Luz tenue (roja) que indica algo no esperado, alguna singularidad se expresa en lo único q no puede expresarse, el presente. Presente que siente que no es por el motivo más lógico. No puede nunca Ser aquello que no Fue.
Detener la rotación y retroceder el tiempo es sencillo comparado con el arduo trabajo de revisar paso a paso, detalle a detalle e lusión a desilusión, los archivos que obstinadamente marqué como perdidos, innecesarios y, sobre todo, indeseables.
Retornar al pasado para poder Ser implica que no somos aquello que pensamos, luego, aquello que existimos (es sabido que el ser no se corresponde con la existencia).
Al fin y al cabo uno vuelve a los lugares del pasado para chequear que todo está como corresponde.