Esta mañana me levanté queriendo ser Al Pacino, no tengo idea porqué, pero me entraron ganas.
Entonces decidí teñirme bien de morocho y afeitar la barbeta que tanto me costó conseguir.
Me vestí bien elegante, con saco, corbata, ni el chaleco me faltó.
Los lentes negros fueron para ocultar mis ojos ciegos y como no tenía bastón salí a la calle con mi confianza de lazarillo.
Me convenia ser el Pacino del Padrino...